Entrenas para ti o para Strava: el objetivo que ordena las decisiones
· Santiago Pedrosa
Sin un objetivo propio, la única referencia que queda es el puesto o lo que hacen los demás. Cómo definir objetivos de temporada que sirvan para decidir.
Suena la alarma.
Dudas. Coges el teléfono. Abres Strava.
Ves los entrenamientos de otros. Más volumen, más desnivel, más épica a las seis de la mañana.
Y aparece esa mezcla rara que ya conoces: presión y pereza a la vez.
Lo que sigue casi siempre es un ajuste silencioso del plan. Alargas la salida del sábado. Metes una serie que no tocaba. No lo decides del todo, simplemente pasa.
El problema no es la comparación. Es no tener referencia propia
La comparación se lleva casi toda la culpa en estas conversaciones, y creo que se la lleva injustamente.
Compararse es normal y a veces útil. El problema aparece cuando es la única referencia disponible. Y eso ocurre cuando no hay un objetivo propio lo bastante concreto como para saber si estás yendo bien.
Piénsalo en una carrera. Terminas vigésimo. ¿Fue un buen día o uno malo?
Sin una referencia previa, la única respuesta posible es el puesto. Y el puesto depende de quién se presentó ese domingo, algo que no controlas y que dice muy poco sobre cómo va tu temporada. Así se llega a un sitio bastante frustrante: entrenar mucho durante meses y no saber nunca si está funcionando.
Hay un ejemplo del circuito profesional que ilustra bien esto. En la Copa del Mundo de Val di Sole, Martín Vidaurre ganó su primera prueba élite gestionando la carrera con paciencia, guardando y atacando cuando tocaba. En esa misma carrera, Nino Schurter, con nueve victorias en ese circuito, terminó decimocuarto porque salió desde atrás, y en ese trazado el polvo te quita visibilidad, aire y piernas.
Dos carreras completamente distintas en la misma pista, el mismo día. Si el único termómetro fuera el puesto, la conclusión sobre Schurter sería absurda.
Los dos motores
Sirve distinguir de dónde sacas la energía para moverte, porque no todo combustible dura lo mismo.
Está el motor externo: el KOM, el grupo de WhatsApp, el cuadradito verde de la aplicación, el trofeo del domingo. No es malo, y a todos nos gusta. Pero es volátil y caro. El día que no hay aplauso o el resultado no llega, el sistema se cae.
Y está el motor interno: notar que las piernas responden, mejorar una habilidad técnica, resolver bien una semana difícil, la curiosidad de ver hasta dónde puedes llegar. Este no necesita espectadores y es el que sostiene cuando la vida se complica y no hay nada que publicar.
Los ciclistas que aguantan años rindiendo no eliminan el motor externo. Cruzan un umbral distinto: el que va del "tengo que entrenar" al "elijo entrenar". Cuando eso pasa, el resultado deja de medir tu valor como persona y empieza a medir tu proceso, que es para lo que sirve.
El objetivo no es un número que motiva
Aquí está el malentendido más extendido.
El objetivo de temporada no está ahí para darte ilusión en enero. Es una herramienta de decisión. Sirve para saber qué sesiones tienen sentido y cuáles no, qué carreras sobran del calendario, cuándo hay que descansar aunque te apetezca salir y cuándo hay que salir aunque no te apetezca.
Sin él, todas las opciones parecen igual de válidas. Y cuando todo es prioridad, nada lo es.
Por eso conviene separar dos cosas que se mezclan siempre. Están los objetivos de resultado, que dependen de otros: entrar en el top diez, terminar una prueba larga, mejorar un puesto. Y están los objetivos de rendimiento, que dependen de ti: sostener una potencia determinada en una subida concreta, ejecutar el plan de nutrición sin fallos, no perder posiciones en el primer kilómetro.
Los primeros dan dirección. Los segundos dan criterio para decidir el martes por la tarde. Necesitas los dos, y en ese orden.
Una frase, no tres
Cuando alguien empieza a trabajar conmigo y le pregunto su objetivo, la respuesta más habitual es una lista. Varias carreras, alguna marca personal, bajar de peso, mejorar en subida.
Una lista no es un objetivo. Es un inventario de deseos.
El ejercicio que propongo es incómodo por lo simple que parece. Escribe una sola frase que responda a esto: qué tendría que pasar en tu próxima cita importante para que digas que la temporada valió la pena.
Si te salen tres frases, quédate con una. La que sobreviva a esa criba es la que va a ordenar los próximos cuatro meses.
Y si al escribirla te das cuenta de que no sabes bien por qué compites, eso también es información. Bastante más útil, de hecho, que otro plan de entrenamiento.
Si quieres ordenar esto antes de que empiece la próxima temporada, en Psicología Deportiva MQV es de lo primero que trabajamos. Escríbeme y hablamos.
Dentro de cinco años, ¿qué te gustaría recordar de esta temporada?