Perfeccionismo en ciclismo: cuando exigirte deja de ayudarte

· Santiago Pedrosa

Exigirte puede ayudarte a mejorar. El problema aparece cuando cualquier error se convierte en fracaso. Cómo detectar el perfeccionismo que empieza a frenar tu rendimiento.

El entrenamiento decía dos horas.

Hiciste una.

No porque no quisieras.

El trabajo se complicó, llegaste tarde y era lo que cabía.

Objetivamente, entrenaste una hora.

Pero tu cabeza registra otra cosa:

no cumplí.

Esa diferencia importa.

Porque el perfeccionismo en el deporte rara vez aparece diciendo “soy perfeccionista”.

Suele sonar bastante mejor:

“me gusta hacer las cosas bien”.

“si me comprometo, voy con todo”.

“no me gusta dejar cosas a medias”.

Y ninguna de esas frases tiene nada de malo.

La exigencia ayuda.

La atención al detalle ayuda.

Querer mejorar ayuda.

El problema empieza cuando hacer las cosas bien deja de ser una dirección y se convierte en una condición:

o sale como estaba previsto o está mal.

La diferencia entre exigencia y rigidez

Puedes entrenar en serio sin necesitar que todo sea perfecto.

Puedes querer ganar sin tratar cada derrota como una amenaza.

Puedes cuidar la alimentación sin que una comida diferente convierta el día en un desastre.

La diferencia está en la flexibilidad.

La exigencia saludable dice:

“quiero hacer esto lo mejor posible”.

La rigidez añade:

“y si no sale así, he fallado”.

Ahí aparece el todo o nada.

Dos horas o nada.

La alimentación perfecta o el descontrol.

Semana completa o semana perdida.

Podio o decepción.

Y el problema del todo o nada es bastante sencillo:

la vida ocurre casi siempre en medio.

Cuando cada entrenamiento se convierte en un examen

Hay algo especialmente agotador en entrenar sintiendo que constantemente estás siendo evaluado.

El intervalo no es simplemente un intervalo.

Dice cómo estás.

El peso dice si tienes disciplina.

La carrera dice si todo el esfuerzo valió la pena.

El entrenamiento perdido dice algo sobre tu compromiso.

Cuando cada dato adquiere ese peso, el deporte deja de producir información y empieza a emitir veredictos.

Y ahí la autoexigencia empieza a trabajar en contra.

Porque cuanto más necesitas hacerlo perfecto, más difícil resulta adaptarte cuando algo cambia, y esa rigidez es una de las razones por las que entrenar más no siempre significa mejorar más.

Sobreanalizas.

Dudas.

Compensas.

Intentas recuperar sesiones que quizá ya no tienen sentido.

O te castigas mentalmente por decisiones completamente razonables.

En Planificar el entrenamiento cuando tu semana no es planificable hablo precisamente de esto: un buen sistema debe poder absorber una semana imperfecta.

El error tiene que seguir siendo información

Si quieres rendir, necesitas cometer errores.

No como frase motivacional.

Como requisito práctico.

Necesitas descubrir qué ritmo fue demasiado alto.

Qué comida no te sentó bien.

Qué decisión táctica fue equivocada.

Qué carga no pudiste sostener.

El perfeccionismo vuelve peligroso ese proceso porque transforma:

“esto salió mal”

en

“yo lo hice mal”.

Y cuando el error amenaza demasiado, empiezas a protegerte de él.

No pruebas.

No cambias.

O, en el otro extremo, intentas controlar cada variable para impedir que vuelva a ocurrir.

Pero competir implica incertidumbre.

Nunca vas a eliminarla del todo.

La habilidad no consiste en conseguir que nada se salga del plan.

Consiste en seguir funcionando cuando algo se sale.

La regla del suficiente

Hay una pregunta que utilizo mucho porque devuelve perspectiva:

¿qué sería suficientemente bueno hoy?

No mediocre.

No conformista.

Suficiente para mantener el proceso vivo.

Quizá hoy la sesión completa sigue teniendo sentido.

Perfecto.

Hazla.

Pero quizá hoy son 60 minutos.

Quizá toca descansar.

Quizá una semana que imaginabas de diez horas termina siendo de siete.

Eso no significa automáticamente bajar el estándar.

Significa distinguir el estándar del formato exacto en el que esperabas cumplirlo.

Un deportista flexible puede exigirse mucho.

Simplemente no necesita castigarse cada vez que la realidad obliga a modificar el camino.

Tres señales que miraría

Me preocuparía menos por si eres “perfeccionista” y más por lo que ocurre cuando las cosas no salen.

Si un pequeño cambio del plan genera mucha culpa.

Si necesitas compensar inmediatamente una sesión perdida.

Si te cuesta reconocer un buen entrenamiento porque siempre podrías haber hecho algo mejor.

Si los resultados positivos producen alivio, pero casi nunca satisfacción.

Ahí probablemente la exigencia ya está cobrando demasiado.

No necesitas exigirte menos

Este punto es importante.

La solución al perfeccionismo no es transformarte en alguien al que todo le da igual.

No necesitas perder ambición.

Necesitas que la ambición tenga margen.

Que puedas decir:

“esto no salió bien”

sin concluir:

“todo va mal”.

Que puedas ajustar una semana sin sentir que estás abandonando el proceso.

Que puedas descansar sin tener que ganarte primero el descanso.

Que puedas competir para descubrir qué tienes ese día, no solamente para confirmar lo que esperabas ser.

La disciplina te ayuda a avanzar.

La flexibilidad permite que puedas seguir haciéndolo cuando la carretera cambia.

En La disciplina no te quita libertad. Te la da. desarrollo precisamente esa relación.

Si tu entrenamiento funciona siempre que puedes controlarlo todo, pero se vuelve culpa y presión cuando aparece un imprevisto, quizá no necesitas más disciplina.

Necesitas construir una relación distinta con el error.

Eso también se entrena.