No has perdido la motivación. Quizá has perdido el sentido
· Santiago Pedrosa
Hay momentos en los que sigues entrenando pero desaparecen las ganas. Por qué la motivación cambia y cómo distinguir cansancio, automatismo y falta de dirección.
Suena la alarma.
Te levantas.
Entrenas.
Cumples.
Y, sin embargo, algo ha cambiado.
Hace unos meses pensabas en la bici durante el día.
Mirabas carreras.
Planeabas rutas.
Tenías ganas de ver hasta dónde podías llegar.
Ahora sigues haciendo prácticamente lo mismo.
Pero en automático.
Cuando esto ocurre solemos decir:
“he perdido la motivación”.
Como si la motivación fuera una batería que estaba llena y ahora necesita recargarse.
No funciona exactamente así.
La motivación no es algo que tienes
Hace años escribía que la motivación es un proceso dinámico, no un objeto que tienes o te falta.
Sigo pensando lo mismo.
Hay momentos de una temporada con mucha energía.
Otros donde disminuye.
Después de una carrera importante.
Al final de un bloque.
Durante una etapa complicada en el trabajo.
Cuando llevas meses entrenando para algo que todavía queda muy lejos.
Eso no significa automáticamente que haya un problema.
Pretender sentir siempre las mismas ganas sería tan extraño como esperar tener las mismas piernas durante doce meses.
La pregunta interesante no es:
“¿por qué no estoy motivado?”
Es:
“¿qué ha cambiado?”
A veces no falta motivación. Falta recuperación
Esta es la primera hipótesis que descartaría.
Cansancio y desmotivación pueden parecerse mucho.
Cuando llevas demasiado tiempo sosteniendo carga física y mental, empieza a desaparecer el entusiasmo.
Las sesiones cuestan.
Procrastinas.
Todo parece exigir demasiado.
Puedes interpretar eso como un problema de carácter y añadir presión:
“tengo que volver a ponerme las pilas”.
Pero quizá el sistema no necesita más motivos.
Necesita margen.
Antes de perseguir inspiración, mira sueño, fatiga, estrés y ganas generales: ahí se esconden buena parte de las razones por las que entrenar más deja de traducirse en mejorar.
Si no te apetece entrenar pero tampoco te apetece prácticamente nada, el problema probablemente es más amplio que la bici.
El piloto automático también desgasta
Otra posibilidad es que lleves demasiado tiempo cumpliendo sin decidir.
Mismo objetivo.
Mismo calendario.
Mismas carreras.
Mismos entrenamientos.
La estructura sostiene cuando no tienes ganas.
Eso es una ventaja.
Pero una estructura sin revisión también puede convertirse en rutina vacía.
Cumples porque toca.
No porque hayas vuelto a elegir.
En un texto de 2025 aparecía una frase de un atleta que resume muy bien este punto:
“Es como que todo es automático. Tengo que encontrar de nuevo el deseo de un objetivo.”
Ahí la solución no es comprar una bici nueva o ver vídeos motivacionales.
Es volver a preguntarte:
¿quiero seguir construyendo esto?
Tus objetivos pueden caducar
Que un objetivo tuviera sentido en enero no obliga a que siga teniéndolo en septiembre.
Has cambiado.
Tu vida también.
Quizá esa carrera ya no te importa tanto.
Quizá quieres competir menos.
Quizá quieres hacerlo mejor.
Quizá apareció un proyecto familiar, profesional o personal que ahora merece más espacio.
Modificar un objetivo no significa fracasar.
Puede significar que estás prestando atención.
El problema aparece cuando seguimos ejecutando una versión antigua de nuestras prioridades solamente porque ya invertimos mucho en ella.
En Entrenas para ti o para Strava planteo el objetivo precisamente como una herramienta para decidir, no como un contrato que nunca puedes modificar.
No confundas disciplina con desconexión
La disciplina permite entrenar días donde no tienes ganas.
Es necesaria.
Pero existe una diferencia entre no tener ganas hoy y llevar meses sin encontrar sentido a lo que haces.
En el primer caso, la estructura ayuda.
En el segundo, puede ocultar el problema.
Puedes ser tan disciplinado que tardes mucho en darte cuenta de que ya no quieres exactamente lo mismo.
Y el cuerpo sigue.
La agenda sigue.
TrainingPeaks sigue llenándose de verde.
Pero tú cada vez estás menos dentro.
Recuperar motivación empieza por quitar
Cuando nos sentimos desmotivados solemos buscar algo nuevo.
Otra carrera.
Otra meta.
Otro reto.
Otra compra.
A veces ayuda.
Pero antes probaría lo contrario.
Quitar ruido.
Bajar durante unos días la obligación y descansar sin vivirlo como una pérdida.
Volver a una salida que no tenga objetivo.
Rodar con alguien.
Practicar otra disciplina.
Dejar el potenciómetro en casa.
Recordar qué parte del ciclismo seguirías haciendo aunque nadie pudiera verla.
No para abandonar el rendimiento.
Para comprobar qué sigue vivo debajo de él.
Tres preguntas mejores que “¿cómo me motivo?”
Preguntaría:
¿Estoy cansado o estoy desconectado?
¿Sigo queriendo el objetivo que estoy persiguiendo?
¿Qué parte del ciclismo elegiría esta semana si no tuviera nada que demostrar?
Las respuestas suelen ofrecer más información que intentar obligarte a tener ganas.
La motivación externa puede encender un fósforo.
Una carrera nueva.
Una bici.
Un reto.
Pero para sostener un proceso necesitas algo que sobreviva cuando ese estímulo pierde novedad.
Dirección.
Elección.
Sentido.
No necesitas amar cada entrenamiento.
Pero sí conviene que, de vez en cuando, puedas reconocer por qué sigues volviendo.
Si no puedes, quizá no has perdido la motivación.
Quizá tu proceso está pidiendo que vuelvas a elegirlo.