Tu carrera salió mal. No cambies todavía el entrenamiento

· Santiago Pedrosa

Una mala carrera no significa automáticamente que estés entrenando mal. Cómo analizar resultado, ejecución, físico, contexto y cabeza antes de cambiar el plan.

Cruzas la meta.

No salió.

Quizá las piernas no aparecieron.

Te equivocaste de ritmo.

Perdiste el grupo.

Comiste mal.

Te caíste.

O simplemente llegaste convencido de que estabas para mucho más y el resultado dice otra cosa.

Entonces empieza una segunda carrera.

La que ocurre en la cabeza.

“Estoy peor de lo que pensaba.”

“Este entrenamiento no funciona.”

“Necesito hacer más intensidad.”

“Tengo que cambiar algo.”

A veces habrá que cambiar.

Pero decidirlo diez minutos después de una carrera suele ser una mala idea.

Porque estás intentando analizar con el mismo sistema que todavía está reaccionando al resultado.

Primero siente. Después analiza

Hace años empecé a utilizar una regla sencilla después de competir:

darle un plazo a la emoción.

Si salió bien, disfrutarlo.

Si salió mal, estar enfadado, frustrado o triste.

No hace falta convertir inmediatamente todo en aprendizaje.

Un resultado malo puede doler.

Déjalo.

Lo que sí ayuda es separar dos momentos:

reaccionar y revisar.

En mi caso utilizaba aproximadamente 24 horas.

No porque exista una cifra mágica.

Porque cuando emoción y análisis ocurren al mismo tiempo, cualquier dato puede terminar adaptándose a la historia que te estás contando.

El resultado es un dato, no una explicación

Terminar vigésimo puede ser una carrera excelente.

Terminar quinto puede esconder una ejecución bastante mala.

Depende de lo que estabas intentando hacer.

El puesto contiene información, pero también depende de todos los que se presentaron ese día.

Por eso separaría dos preguntas:

¿el resultado fue peor de lo esperado?

y

¿la ejecución fue peor de lo esperado?

No siempre tienen la misma respuesta.

Puedes ejecutar tu mejor carrera y encontrarte un nivel de rivales superior.

Puedes conseguir un buen puesto porque faltaron competidores y haber gestionado mal la prueba.

Si no haces esa separación, puedes acabar modificando un proceso correcto por una cifra que no entiendes del todo.

En Entrenas para ti o para Strava desarrollo más esta necesidad de tener referencias propias.

Reconstruye la carrera por capas

Cuando la temperatura emocional haya bajado, empieza por la ejecución.

¿Qué hiciste realmente?

Salida.

Ritmo.

Posicionamiento.

Nutrición.

Técnica.

Decisiones.

No interpretes todavía.

Primero hechos.

“Salí demasiado fuerte durante quince minutos” contiene información.

“Corrí fatal” prácticamente ninguna.

Después mira el cuerpo.

¿Respondió como esperabas?

¿Había fatiga previa?

¿Faltó potencia donde normalmente está?

¿Fue algo puntual o llevas varias semanas observando lo mismo?

Una sola carrera tiene mucho ruido.

Un patrón repetido empieza a pesar bastante más.

Después añade el contexto.

Sueño.

Viaje.

Temperatura.

Terreno.

Trabajo.

Estrés.

Averías.

Una enfermedad reciente.

El contexto no sirve para fabricar excusas.

Sirve para interpretar datos.

Dormir cuatro horas antes de una carrera no deja de existir porque quieras hacer un análisis objetivo.

Y finalmente mira la cabeza.

¿Qué ocurrió con tu atención y tus decisiones?

¿Te aceleraste al ver alejarse a un rival?

¿Un error te acompañó durante media hora?

¿Empezaste a mirar datos buscando confirmar que estabas mal?

¿Tomaste una mala decisión y reaccionaste inmediatamente con otra?

En carrera no solo producimos potencia.

También interpretamos continuamente lo que está pasando, y eso empieza antes de la salida: los nervios previos a la carrera condicionan las primeras decisiones.

Busca dónde empezó a desviarse

Una carrera mala produce un efecto retrospectivo curioso.

Cuando conoces el resultado final, todo lo anterior empieza a parecer una señal de que iba a salir mal.

El desayuno.

El calentamiento.

Las piernas.

La semana previa.

La posición de salida.

Todo.

Así aparecen análisis con siete problemas y nueve cambios para la siguiente carrera. Antes de añadir entrenamiento conviene revisar dónde está realmente la fricción.

Yo buscaría otra cosa:

el primer punto importante de pérdida.

¿Dónde empezó realmente a desviarse la carrera?

Quizá saliste por encima de lo previsto.

Quizá una mala posición te obligó a gastar demasiado.

Quizá olvidaste comer.

Quizá un error técnico te sacó mentalmente de la prueba.

Quizá sencillamente no había piernas.

Encontrar ese punto no explica todo.

Pero ofrece un sitio bastante mejor desde el que empezar.

Termina con una sola decisión

Un análisis que solo produce explicaciones termina convirtiéndose en rumia.

Tiene que acabar en una acción.

Una.

Practicar la salida.

Revisar el pacing.

Comer antes.

Entrenar esa bajada.

Preparar mejor el viaje.

Crear una rutina para resetear después de un error.

Si aparecen cinco acciones, prioriza.

No necesitas construir una carrera perfecta.

Necesitas conseguir que la carrera anterior deje información utilizable para la siguiente.

No cambies un proceso entero por un domingo

Hay carreras que revelan un problema real.

Y habrá que actuar.

Pero también existen malas carreras dentro de buenos procesos.

El rendimiento fluctúa.

El contexto cambia.

Las competiciones tienen incertidumbre.

Por eso intentaría no tomar una decisión permanente utilizando una emoción temporal.

Primero recupera.

Después reconstruye.

Separa resultado de ejecución.

Busca patrones.

Y cambia lo mínimo necesario para poner a prueba tu hipótesis.

Si después de la carrera no tienes claro si lo que falló está en la estructura, la carga acumulada o la dirección del proceso, el Test MQV puede ayudarte a ordenar esa primera lectura.

No para encontrar una excusa.

Para que un mal domingo no termine convirtiéndose en un mal diagnóstico de toda tu temporada.